Jorge Echeandía

Entendemos que discriminar es tratar de forma diferente a una persona, vulnerando sus derechos o perjudicándola de alguna manera en razón de su raza, religión, ideas, sexo, condición física, creencias, etc.

Es un hecho que en nuestra sociedad existe la discriminación. Aún existen personas que discriminan a otras por distintas razones. Y hay quienes sostienen que existen aún ciertas normas que no aseguran la igualdad de derechos para todas las personas.

Con base en estos reclamos de igualdad se han popularizado ultimamente, sobretodo entre la población más joven, los movimientos en favor de diferentes causas sociales en defensa de grupos a los que identifican como víctimas de vulneración de sus derechos, entre ellos principalmente las mujeres y las personas con preferencias sexuales distintas a la heterosexualidad.

Y el tema ha tomado un tinte político. Grupos que se autodenominan feministas y organizaciones políticas de izquierda aparecen como abanderados de la reivindicación de los derechos de las mujeres y personas con preferencias sexuales distintas, protestando contra lo que llaman el orden patrialcal de la sociedad y proponiendo cambios radicales como la legalización del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción de niños por parejas homosexuales, leyes que protejan a la mujer del abuso de los hombres, entre otras.

De otro lado están los grupos de derecha y otras agrupaciones llamadas conservadoras, que afirman que muchos de los derechos exigidos, no promueven la igualdad sino que buscan implementar normas de conducta hechas a la medida de las ideas particulares de ciertos grupos y que en algunos casos incluso atentan contra los valores de la sociedad y la familia.

El hecho es que ambas posiciones son inflexibles y por más argumentos que se esgrimen en ambos sentidos, llegar a consensos parece imposible.

Como ejemplo hemos visto un hecho reciente, en el que una persona que postula al congreso por un partido político de izquierda, que se presenta como Gahela Cari pero que en su documento de identidad lleva un nombre masculino, denunció un acto de discriminación por parte del candidato Frank Krklec, a quien califica como «transfóbico» por haberle llamado por su nombre legal.

Esto, además de que les ha servido a ambos para aumentar su popularidad en la campaña, encendió la polémica en las redes sociales en torno a si se trata realmente de un acto que puede ser calificado como discriminación o no.

Habría que ponerse por un momento en el lugar de cada uno de estos candidatos enfrentados para tratar de entender porque uno de ellos se siente discriminado y el otro asegura que no existe discriminación alguna.

Desde el punto de vista del denunciante el hecho de que alguien lo llame por el nombre masculino que figura en su DNI es una ofensa y un acto discriminatorio porque va en contra de su autopercepción. Le disgusta que las personas no lo vean del mismo modo que él se auto percibe. Y el hecho de que alguien lo llame por su nombre masculino, lo siente como un ataque. Llamarle por ese nombre es como recordarle que sigue siendo hombre por más que aparente ser una mujer y eso evidentemente le disgusta y le hace sentir mal.

Entonces ¿es discriminación o no? En todo caso, más que un acto discrminatorio, diría yo que es un acto desconsiderado y falto de empatía. Pero no veo que de alguna manera discrimine al candidato por su preferencia sexual. De hecho, ataques de todo tipo se ven a diario entre los candidatos y nadie los califica como discriminación.  Una agresión no siempre es discriminatoria. No por eso deja de ser negativa, claro está.

Ahora, si una persona te pide que no la llames de determinada forma ¿por qué no respetar su deseo? Si sabemos que le vamos a causar malestar y lo hacemos, estamos actuando con mala intención. Hace falta ponerse por un momento en su lugar y aunque no logremos entender del todo su forma de pensar, comprender que lo que busca es sentirse bien y no es correcto que nuestras acciones busquen perturbar su bienestar. Si un hombre quiere que se le llame por un nombre femenino ¿por qué no respetar su deseo? Cada quien es libre de estar de acuerdo o no con su forma de pensar. Yo puedo seguir convencido de que el nombre por el que se le llame no cambia el hecho de que sea una persona de genero masculino y no tendría porque sentirme afectado por sus preferencias.

Considero también que quizás como consecuencia del historial de actos discriminatorios que se dan en la sociedad en razón de las preferencias sexuales de las personas, existe una sensibilidad agudizada para percibir como discriminación cualquier opinión contraria a las creencias propias en los individuos en esta condición. Vemos que se califica de homofóbico a quien quiera que exprese una opinión que vaya en contra de las ideas que defienden los colectivos sociales afines a las personas con preferencias sexuales diferentes.

Entonces, viendo el asunto desde la posición contraria, encuentro que también hay una falta de empatía por parte de quienes dicen sentirse discriminados y se apresuran a calificar de discriminadores a todos los que piensen diferente, cayendo en la intolerancia. Sería bueno que también hagan el ejercicio de ponerse en el lugar del otro y tratar de comprender que la persona a quien están acusando de discriminar, quizás no tenga ninguna intención de limitar sus derechos ni causar ningún perjuicio, sino que simplemente piensa diferente.

El asunto ha llegado a extremos como el de querer cambiar el lenguaje español, creando eso que llaman «lenguaje inclusivo». En lo personal considero esto una verdadera tontería (de seguro habrá quienes me llamen discriminador por esto). De verdad no entiendo de que forma podrían sentirse afectadas o excluidas las mujeres cuando se usa la palabra «todos» para referirse a un grupo de mujeres y hombres. El lenguaje bien utilizado no es discriminatorio, la discriminación está en la mente de las personas que lo entienden así. O acaso es también discriminación cuando se dice «las personas» refiriéndose a los hombres y mujeres. ¿Deberíamos decir «las personas y los personos»? Absurdo ¿no?

Algo lamentable es que esta defensa de los derechos de las personas sea utilizada por grupos que buscan con ello ganar réditos políticos, exacerbando las diferencias de opiniones y haciendo aún más difícil que las personas sean más tolerantes y empáticas.