¿Se puede perdonar todo? ¿Existe un límite entre aquello que podemos perdonar y aquello que definitivamente no merece nuestro perdón?

Es un hecho que las personas nos equivocamos, en ocasiones nuestras palabras o nuestras acciones causan daño a las otras personas. Incluso a personas cercanas, con las que tenemos un lazo afectivo. Podemos herir a las personas que más queremos. Nuestros padres, nuestros hijos, pareja, amigos. Cuando esto sucede, una vez que aquello que nos llevó a actuar de esa manera equivocada pierde su intensidad, necesitamos conseguir su perdón. Y puede no ser sencillo pedirlo o entregarlo.

Pedir perdón implica reconocer nuestro error y eso puede costarnos algo de esfuerzo. También otorgar el perdón sincero puede ser difícil. Nos hicieron daño y no nos parece justo. No es fácil dejar de lado por completo los hechos que nos causaron dolor. El hecho es que nadie se siente bien manteniendo un conflicto o resentimiento con una persona cercana, una persona que apreciamos. Así que vale la pena el esfuerzo de dejar de lado el orgullo y el deseo de tener la razón con tal de recuperar la armonía.

Y si resulta difícil con una persona cercana, mucho más lo será con una persona con la cual no tenemos ninguna relación. Y creemos que no nos urge perdonar. Entonces ¿es necesario que lo perdonemos todo? ¿es posible que perdonemos cualquier daño que recibamos de otras personas? ¿nos sirve para algo perdonar a una persona que quizás no volvamos a ver nunca más?

Un ejemplo. Hace algún tiempo fui víctima de un asalto. Dos asaltantes me encañonaron con pistolas y se llevaron todas las cosas de valor que traía conmigo. Recuerdo que una sensación de impotencia, un deseo de revancha me invadió luego de lo sucedido. Y esa forma de sentir volvía a aparecer cada que lo recordaba. Honestamente debo decir que no les deseaba nada bueno a aquellos asaltantes. Y esto se prolongó durante mucho tiempo. Le daba vueltas en mi cabeza a los hechos ocurridos y volvía a llenar mi mente de las emociones que me embargaron entonces. No me parecía justo no haber podido hacer nada contra estas personas.

En casos como este ¿acaso cabe la opción de perdonar? ¿podría yo desearle lo mejor a estas personas que me hicieron daño?

Para ser capaz de perdonar es necesario que podamos comprender y aceptar que la otra persona esta en un error. Que en su mente seguramente muchos argumentos justifican ese error, con la intención de conseguir su propósito, cualquiera que sea. Sus acciones son malas, hacen daño, pero no deja de ser también una víctima de su propio error. Pensando en esto traté de imaginar la vida de estas personas que me asaltaron. ¿Cómo vivirán? ¿Cuáles serán sus motivaciones? ¿Podrán ser felices realmente? ¿Qué sufrimientos deben enfrentar?

Al pensar de esta manera sentí que si era posible desearles lo mejor. Que alguna vez pudieran liberarse de su error y dejaran de causar dolor a las personas a su alrededor. Muchos dicen que es imposible que personas así lleguen a cambiar. Quizás la mayoría no lo consigan, pero aún así ¿por qué no desearles esa posibilidad?

El hecho es que no sirve de nada revivir en la mente aquellos hechos que nos causan dolor y avivar nuestros sentimientos negativos hacia otras personas. Los principales afectados terminamos siendo nosotros mismos. Me asaltaron una vez en la vida real pero lo sufrí muchas veces en mi mente. Otorgar el perdón nos libera de ese sufrimiento innecesario y al contrario nos trae la paz y la tranquilidad al hacer crecer en nuestro interior intenciones positivas.

Fácil no es. Como dije al principio, resulta difícil con nuestras personas queridas y mucho más con los demás, pero vale la pena. Comencemos con las pequeñas cosas, construyamos el hábito de perdonar.


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