Cuando una persona encolerizada se dirige a ti, te ataca, te insulta o te reclama airadamente por algo, lo que se suele hacer es defenderse de inmediato; responder el ataque, ya sea reclamando nuestros derechos o en ocasiones devolviendo el ataque.

Ese puede ser el inicio de una pelea. Puede suceder en una pareja, entre amigos, entre familiares, entre compañeros de trabajo o entre personas que ni siquiera se conocen. Recibes un ataque y tienes que responder, no te parece justo quedarte sin hacer nada.

Pero… ¿será una respuesta inmediata la mejor manera de proceder?

Habría que preguntarnos ¿qué es lo que queremos lograr ante la situación?, sobretodo si se trata de alguien cercano a nosotros.

Algunos podrían decir «lo que quiero es darle una lección y que sepa que no me debe volver a atacar», otros quizás pensarán «si dejo pasar este ataque van a pensar que no se defenderme y me van a atacar siempre», o quizás simplemente «si me agreden yo tengo que devolver la agresión, es lo justo».

Pero qué pasa si vamos un poco más allá y pensamos ¿cómo nos vamos a sentir después de devolver el golpe? ¿Alguién se siente realmente bien después de una pelea con su pareja, con un hermano, con un amigo o con un compañero de trabajo? No importa si al final pienso que era yo quien tenía la razón, la relación se dañó y probablemente se rompe la comunicación. ¿Eso nos hace sentir bien? No lo creo ¿verdad?

Una alternativa interesante para responder ante una persona movida por la cólera, es simplemente el silencio.

Después de escuchar los gritos, reclamos e incluso insultos, ¿qué pasa si respondemos con una pausa de silencio de unos 10 o 15 segundos?

Una respuesta inmediata defendiéndonos o exponiendo nuestros argumentos en contra del ataque, por lo general vendrá seguida de una réplica de la persona que nos atacó, seguida de un intercambio de ataques que irán ganando en intensidad haciendo la situación más y más complicada.

Una pausa de silencio, por el contrario, le da al agresor un momento para contemplar el reflejo de su ataque, darse cuenta de la forma en que está actuando y tener la oportunidad de corregir o por lo menos de bajar la intensidad de sus palabras y acciones. Luego de la pausa, podemos pasar a exponer la forma en que nos sentimos, sin reclamos ni ataques, manteniendo la tranquilidad y mostrando la buena intención de aclarar las cosas y recuperar la armonía.

Esta forma de responder no es una garantía de éxito. No podemos saber que tan perturbada por la cólera pueda estar la mente de la otra persona, pero lo que si nos puede asegurar es que tendremos mejores opciones para mantener nuestra propia tranquilidad y evitar vernos afectados en nuestro bienestar.

No pierdes nada con probar. 😉


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