Quienes han escuchado o leído acerca de la Ley de la Atracción sabrán que lo que sostiene esta ley, es que es nuestra propia mente la que establece los alcances de aquello que podemos lograr. «Lo que la mente del hombre puede concebir y creer, es lo que puede lograr» (Napoleon Hill).

Esta relación de causa y efecto entre aquello en lo que enfocamos nuestra mente y aquello que traemos a nuestra realidad, resulta tan poderosa, que hemos de tener cuidado con ella. El asunto es que la ley de la atracción, como la ley de la gravedad, se cumple en forma permanente en nuestra vida; no es necesario siquiera que sepamos de que se trata para que sus efectos estén presentes en cada uno de nuestros pasos.

Sin ser plenamente conscientes de ello, estamos permanentemente creando nuestra realidad a partir de nuestra mente. Nuestro mundo exterior es un reflejo fiel de nuestro mundo interior. Aquello que domina tu mente, define los límites de lo que traes a tu vida.

Y cuando hablamos de nuestra mente no podemos limitarnos al enfoque de nuestros pensamientos. Si realmente queremos hacer que la ley de la atracción funcione a nuestro favor, tenemos que tomar consciencia de mucho más que solo aquello en lo que pensamos. Es decir, si por ejemplo quieres más dinero en tu vida, lo más probable es que no sea suficiente que te dediques a pensar y visualizar el dinero que quieres por varias horas cada día, para que de pronto, por arte de magia, aparezcan nuevas fuentes de ingreso que te traigan el dinero que necesitas.

Hay varios puntos a tener en cuenta aquí. Primero ¿eres realmente consciente de aquello que predomina en tu panorama mental?. Siguiendo con el ejemplo del dinero, ¿estás realmente enfocado en el dinero? ¿o es quizás la sensación de falta de dinero lo que domina tu mente?

Y esta distinción es muy importante. Muy a menudo entramos aquí en una confusión. Puedes estar pensando en el dinero, cuando realmente lo que domina tu mente son las emociones asociadas a la falta de dinero, el temor a no conseguirlo, la angustia de no sentirte capaz de lograrlo. Y esto sucede no solo con el dinero, sino con todo aquello que quisiéramos traer a nuestra vida; no solo las cosas materiales, sino también en el campo de nuestras relaciones.

Entonces, es importante recordar que la forma en la que enfocamos nuestros pensamientos, suele dar lugar a la aparición de emociones. Algunas de ellas nos hacen sentir en armonía con aquello en lo que estamos enfocados, otras por el contrario, nos perturban. Son estas emociones las que definen la relación que tenemos con las personas y objetos en nuestra realidad y son un ingrediente importante a la hora de determinar si atraemos algo a nuestra vida o más bien lo alejamos.

Si estas triste por algo que sucedió y te hace sentir mal, quisieras alejar esa tristeza; conscientemente tratas de reemplazar los pensamientos tristes por otros más agradables. Sin embargo, de manera inconsciente tu mente está enfocada en su lucha contra la tristeza. Es decir, quieres que tu mente diga: ¡Estoy Feliz! y lo que realmente consigues es que diga: ¡No quiero estar triste! Con esto solo consigues alimentar esa emoción que te perturba.

Lo que sucede es que confundimos nuestros estados mentales, creemos estar enfocados en positivo, cuando nuestro verdadero enfoque está en evitar aquello que no queremos y que terminamos atrayendo.

¡Quiero dinero!  o  ¡No quiero que me falte dinero!

¡Quiero que me amen!  o  ¡No quiero que me falte el amor!

Debemos ser muy cuidadosos con lo que creemos son nuestros deseos. Si aquello que creemos necesitar para ser felices depende de las cosas que queremos poseer o de lo que otras personas puedan sentir por nosotros, invariablemente caeremos en este tipo de confusiones. Esto está relacionado con otro aspecto muy importante, el más importante diría yo: nuestra intención. El propósito que nos mueve a querer atraer cosas o situaciones a nuestra vida.

En ocasiones, nos mueve el deseo de satisfacer necesidades que podríamos llamar «mundanas». Bienes materiales, placeres, reconocimiento e incluso el amor mal entendido. Estas necesidades tienen en común el objetivo de buscar la propia satisfacción. «Yo quiero tener dinero, yo quiero ser el mejor, yo quiero que ella me quiera». Y tienen en común también el hecho de que cuando permitimos que dominen nuestro panorama mental y se convierten en nuestro propósito principal, aquello que logran atraer no logra realmente satisfacer nuestras verdaderas aspiraciones. Si quieres dinero solo por el hecho de tenerlo, puede que lo consigas; pero seguramente no será suficiente y querrás más. Si quieres el amor de una persona para sentirte bien tú mismo, cuando consigas que te ame probablemente no estarás conforme y encontrarás razones para no sentirte bien.

Concluyendo, para redondear las ideas:

  1. En todo momento, sin proponérnoslo, estamos atrayendo a nuestra vida cosas y situaciones de acuerdo a nuestro estado mental.
  2. Muchas veces no somos conscientes del verdadero enfoque de nuestra mente.
  3. Cuando nos enfocamos en nuestra necesidad de cosas materiales o afectivas, en la creencia de que nos traerán felicidad, no conseguimos una verdadera satisfacción. Siempre querremos más de lo que tenemos o querremos cambiarlo por algo distinto.
  4. Si aquello que queremos atraer depende de situaciones ajenas a nosotros o de la voluntad de alguien más, incluso si lo conseguimos, es muy probable que solo sea temporal. Todas las cosas y personas estamos cambiando en forma permanente. Por lo tanto, nuestra satisfacción será solo pasajera.
  5. Si la motivación por la que queremos atraer algo a nuestra vida está enfocada únicamente en el deseo personal de sentirnos bien, la satisfacción de conseguirlo será también fugaz.
  6. Por el contrario, si nos enfocamos en la versión de nosotros mismos que queremos construir, si logramos desarrollar una auto percepción de esta versión, si somos capaces de vernos como mejores personas, de sentir que somos capaces de hacer crecer en nuestro corazón los sentimientos que nos permitan proyectar nuestro bienestar y felicidad a los demás, seguramente podremos traer este enfoque a nuestra realidad. No depende de las circunstancias, ni de las cosas que poseamos o no. Depende únicamente de nuestra capacidad de sentirnos la persona que queremos ser.

«Sentirte la persona que realmente quieres ser, para beneficio de todos a tu alrededor». Ese es el secreto de la ley de la atracción.

Esta es claro está, solo mi humilde opinión.


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