Desde pequeños, vamos alimentando la creencia de que tener miedo es malo. «Yo ya soy grande, ya no tengo miedo», dicen los niños para mostrar su valentía. Incluso de adultos, en ocasiones nos cuesta reconocer que tenemos miedo de ciertas cosas.

Es natural que tengamos miedo de aquello que representa un riesgo para nosotros o que sabemos por experiencia que nos causa dolor. Puedes tener miedo de un perro bravo, o de las arañas, o puedes tener miedo de ir al dentista por ejemplo. Pero eso es lo de menos. Esos son temores que quizás no quieras reconocer ante los demás, pero tú sabes muy bien que te cuesta enfrentar. Algunos de ellos son útiles porque te mantienen alejado del peligro.

Existen otros temores que en si mismos representan un peligro. Aquellos de los que no somos conscientes y que condicionan nuestra forma de relacionarnos con la realidad. Estos temores surgen como consecuencia de nuestra necesidad de encontrar soporte en cosas externas que sentimos que son indispensables para nuestro bienestar.

Necesitamos riqueza, bienes materiales para vivir como queremos. Tenemos miedo de no tenerla o de perderla.

Necesitamos sentir el aprecio de las personas que queremos, sentirnos aceptados. Tenemos miedo de no recibir ese aprecio, esa aceptación.

Tenemos miedo porque sabemos que esas cosas no dependen completamente de nosotros, sabemos que circunstancias ajenas a nosotros podrían hacernos perder la riqueza que necesitamos, incluso podríamos perder a las personas que amamos. Tenemos miedo porque dejamos que nuestra felicidad se soporte en las circunstancias o en las decisiones de otras personas.



Vivir con esos temores hace que nos aferremos aún más a aquellas cosas o personas que no queremos perder. Enfocando nuestra mente en aprovechar todo lo que podamos las cosas que tenemos o en el bienestar que recibimos con la presencia de las personas en nuestra vida. Sentimos que aprovechar la vida es disfrutarla al máximo porque tenemos miedo que se pase el tiempo, que se vaya la juventud, que la vida se acabe.

Y no esta mal disfrutar de nuestro tiempo. El problema es que perdemos de vista lo más importante.

No sabemos cuanto tiempo tenemos por delante. ¿No sería mejor enfocarnos en lo que nosotros podemos entregar? (No material) ¿En el amor que tú puedes dar a las personas a tu alrededor? ¿En la verdadera felicidad que puedes ayudar a crear? Eso si depende de nosotros. Eso si nos puede traer felicidad sin miedo.

 


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