¿Quién en su sano juicio podría estar buscando razones para sufrir? Al menos conscientemente nadie ¿verdad?.

Las personas buscan mas bien evitar el sufrimiento, o por lo menos eso es lo que intentan. Sin embargo, sin ser conscientes de ello, cuando experimentamos sufrimiento es por que así lo hemos elegido. ¡Y cuidado aquí! estoy hablando del sufrimiento, no del dolor.

El dolor si puede ser en ocasiones inevitable. Pero convertir ese dolor en sufrimiento es una opción que tomamos como producto de nuestra forma de enfrentarlo. Nadie quiere sufrir. Cierto. Pero por alguna razón escogemos el camino del sufrimiento y llegamos a sentir que no lo podemos evitar.

Resulta un poco difícil para mi explicar con claridad la diferencia entre dolor y sufrimiento, pero escuché un ejemplo que me parece que la representa bastante bien:

Imagina que eres mordido por una serpiente. De hecho vas a sentir dolor. Ahora imagina que estás seguro de que esa serpiente NO ES venenosa. Probablemente tu dolor físico no pase de ser nada más que dolor.

Ahora imagina que sabes que la serpiente SI ES venenosa. Seguramente de inmediato se despertará en tu mente el miedo, la preocupación, la angustia por encontrar pronto un antídoto y estás emociones pueden llegar a invadir de tal manera tu panorama mental, que controlen por completo tus acciones. Es esa participación de tu mente la que convierte al dolor en sufrimiento.

Habrá personas que reaccionen ante la misma situación de forma distinta. Habrá quienes incluso experimentando el temor natural ante la situación, sean capaces de mantener el control. Habrá otros que reaccionen con desesperación. Todo depende de que tan preparada está la mente de la persona para gestionar las emociones que pueden perturbarla.



Tanto el dolor como el sufrimiento son parte de nuestra vida. Sufrimos porque la realidad no es como nosotros quisiéramos que fuera. Sufrimos por cosas simples como ver perder a tu equipo de fútbol favorito o situaciones tan dolorosas como la pérdida de un ser querido.

Sabemos muy bien que hay cosas que nos causan dolor que no podemos cambiar o evitar, y la forma en la que nos relacionamos con ese dolor es la que determina nuestro sufrimiento.

Nos negamos a aceptar la muerte de un ser querido. Nos causa un gran dolor y sabemos que es algo inevitable, sin embargo en ocasiones nuestro deseo de tenerlo con nosotros persiste y nos lleva a convertir el dolor en sufrimiento. Porque no aceptamos la realidad.

En otros casos nos involucramos tanto con el dolor que nos llegamos a sentir tan desdichados ante lo que vivimos, que asumimos un papel de víctima que llena completamente nuestro panorama mental. No nos permite ver más allá del dolor. ¿Por qué a mi? ¿Por qué esto me tiene que pasar a mi? son las preguntas que nos solemos hacer cuando llegamos a esta situación.

La forma en la que respondemos ante una situación dolorosa, depende, como dije antes, de la preparación de nuestra mente para relacionarse con las emociones que surgen en ella. De nuestra capacidad de tomar consciencia de que las emociones solo nos visitan de forma pasajera y no son parte de nosotros, que así como llegan se van; salvo que nos aferremos a ellas y les permitamos tomar el control.


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